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Estalla la violencia en países asiáticos ante el pánico por la escasez de combustible

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Bangladés es una de las naciones más azotadas, donde ya se han registrado robos, palizas e incluso asesinatos en el sector de las gasolineras ante la falta de suministro.
Estalla la violencia en países asiáticos ante el pánico por la escasez de combustible

La escasez de combustible a raíz del cierre de facto del estrecho de Ormuz como respuesta de Irán a los ataques de EE.UU. e Israel está comenzando a desatar olas de violencia en varios países de Asia.

Uno de los países más afectados es Bangladés, donde grupos delictivos están llevando a cabo robos de combustible en plena noche, así como asaltos a vehículos de transporte para acaparar gasolina. Ya se han reportado diversos ataques a trabajadores de estaciones de servicio, incluido al menos un asesinato, según recoge The Washington Post.

También en la India y Pakistán se han dado casos de muertes relacionadas con robos de combustible o por la ira desatada por la falta de suministros de estas últimas semanas. En Filipinas, por su parte, el malestar se ha traducido en miles de trabajadores del transporte en huelga para protestar por el gran aumento del precio del diésel.

Incertidumbre a pesar de la respuesta gubernamental

Hasta la fecha, en el poco más de un mes que ha transcurrido desde que se desatara el conflicto en Oriente Medio y se afectara al comercio mundial de petróleo y gas con la escalada de sus precios, los Gobiernos asiáticos han respondido recurriendo a sus reservas fiscales para realizar costosas compras en los mercados globales para mantener estable el suministro energético y absorbiendo la mayor parte de las subidas de precios a través de subsidios.

Sin embargo, la incertidumbre reinante sobre el devenir de la guerra y sus consecuencias en el flujo de combustibles puede que reviertan en que esas medidas no sean sostenibles en el tiempo y que cada vez cueste más abastecerse de petróleo y gas y ya no se puedan mitigar sus precios.

Los países con mayor pobreza suelen ser los más vulnerables a estos vaivenes, aunque no son los únicos, como demuestran los casos de Australia, donde se reporta que el robo de combustible se ha incrementado hasta en un 50 % en algunas zonas; o Francia, donde los camioneros están en pie de guerra exigiendo ayudas adicionales.

El caso de Bangladés

Pero la inseguridad claramente es mayor en países como Bangladés, donde la pobreza afecta al 25 % de sus 175 millones de habitantes y que importa alrededor del 95 % de su energía, por lo que es especialmente dependiente del tránsito por el estrecho de Ormuz.

En ese país del sudeste asiático se han desatado las compras de pánico y el acaparamiento ilegal —por parte de redes ilegales que lo revenden en el mercado negro—, por lo que se sufre la escasez en las gasolineras, a pesar de que el Gobierno ha conseguido mantener estables los suministros.

En las estaciones de servicio se forman largas colas, incluso de kilómetros, y las gasolineras se quedan rápidamente sin combustible debido a la gran demanda. En este contexto, se reportan ataques diariamente en las gasolineras del país, con trabajadores heridos, establecimientos incendiados e incluso un asesinato.

El Gobierno bangladesí ha limitado la cantidad de combustible que cada conductor puede adquirir y desde el fin de semana pasado una fuerza paramilitar, dispuesta por el Ministerio del Interior, custodia los depósitos de combustible, mientras el Ministerio de Justicia está desplegando tribunales móviles para procesar a los acaparadores de combustible.

Si los precios se mantienen elevados durante un tiempo prolongado las autoridades de Bangladés deberán reducir las importaciones o reducir los subsidios, o ambas medidas a la vez, lo que ahondará en la crisis de violencia que ya vive el país.

No se trata del único país de la región con una situación de esas características. Indonesia, que también mantiene fuertes subsidios a los combustibles, ha sufrido con frecuencia disturbios debido al aumento de los precios del gas y petróleo.

Situación similar a la que vive Pakistán, donde no se sabe cuánto tiempo podrá el Gobierno mantener las ayudas y se teme que cuando decaigan la población pueda recurrir a la violencia. Ya se ha producido al menos un asesinato de un trabajador que se negó a llenar los bidones de combustible de un motociclista.

Cerrado para buques enemigos

  • Tras la agresión estadounidense-israelí, Irán bloqueó casi por completo el estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el de Omán, y anunció que no saldría de la región "ni una sola gota de petróleo" por mar, lo que disparó los precios de los combustibles.
  • El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica reiteró el pasado 11 de marzo que los barcos de EE.UU. y de sus socios no pueden atravesar el estrecho.
  • Donald Trump propuso crear una coalición naval para escoltar buques a través de esa vía. Sin embargo, varios de los países invitados —entre ellos, los aliados de EE.UU. dentro de la OTAN— descartaron el envío de fuerzas militares a la zona del conflicto.
  • Por su parte, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, aseveró que el paso sigue abierto y que solo está cerrado para los buques de los países enemigos. "A algunos países que consideramos amigos les hemos permitido el paso por el estrecho de Ormuz; hemos permitido el paso a China, Rusia, la India, Irak y Pakistán", aseveró el canciller. Según explicó, no hay razón para permitir que sus enemigos transiten por la zona.

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